sábado, 5 de enero de 2019

miércoles, 2 de enero de 2019

2018, un año de espectros y reflejos

Este año se va con recuerdos y cicatrices de acontecimientos cruciales en el panorama internacional, algunos de ellos con repercusiones significativas en nuestro país.

Así, la reunión de Donald Trump con Kim Jong-un en la cumbre de Singapur; las protestas de los chalecos amarillos en Francia, para reclamar mayor justicia social, pues no sólo de fútbol vive el hombre (me refiero al segundo mundial que obtuvo en Rusia); la crisis en Yemen con más de 20 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria; la guerra en Siria; el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén; la incertidumbre del Brexit en el Reino Unido; los estragos del cambio climático y el escándalo de Facebook al ser acusado de injerencia rusa en la campaña presidencial de Estados Unidos y pirateo de los datos personales de millones de usuarios fueron sucesos cuyas consecuencias se verán en el 2019.

En tanto, México vivió tres momentos de reencuentro con su historia: las elecciones presidenciales del hartazgo social en las que se revirtió el fraude de 1988 y se posicionó un régimen de izquierda representado por Andrés Manuel López Obrador. Asimismo, el 2 de octubre se cumplieron cincuenta años de la infame represión estudiantil de 1968 en Tlatelolco, y también se abrió un camino de esperanza para aclarar la masacre de Ayotzinapa. Y, a unos días de la transición presidencial, apareció, de manera extraña, una caravana migrante proveniente de Honduras, El Salvador y Guatemala, la cual quedó varada en la frontera de nuestro país con Estados Unidos. Al parecer, los centroamericanos comienzan a desistir en la búsqueda del sueño americano. Hay quienes piensan que sólo fue una estrategia de Donald Trump para justificar la construcción del muro fronterizo y un arma electoral con ideas radicales en contra de la inmigración. Afortunadamente, dicha estratagema no le funcionó, ya que perdió la Cámara de Representantes, lo que hará mucho más incómodos los dos años que le quedan para cumplir su primer mandato.

No obstante, a México, este escenario lo pone en una encrucijada moral, debido a que es un reflejo de su crónica migratoria hacia EE.UU. y su posición histórica ante estos fenómenos sociales. Recordemos que, en 1939, permitió la entrada de los exiliados republicanos españoles que huyeron de la guerra civil o las facilidades que brindó para recibir a los expatriados de las dictaduras en Sudamérica en los años 80 y 90.

Finalmente, los adioses (aludiendo al estupendo film sobre Rosario Castellanos estrenado este año) del expresidente norteamericano George H.W. Bush; de Stan Lee, co-creador del universo Marvel; de nuestro enorme Fernando Del Paso; de Sergio Pitol, el mago de la palabra; del cineasta italiano Bernardo Bertolucci y del reconocido científico Stephen Hawking, entre otras celebridades, dejarán huella en los recuerdos del porvenir, parafraseando la insigne novela de Elena Garro (1916-1998), de quien se conmemoraron veinte años de su fallecimiento.

domingo, 30 de marzo de 2014

Buscando a la Chingada en El laberinto de la soledad

En el marco del centenario del natalicio de Octavio Paz (1914-1998) y dada la predilección que tengo por El laberinto de la soledad, magistral ensayo de nuestro Premio Nobel de Literatura, quise revisitar esta obra sobre la cual ya han opinado brillantes plumas, pero que no han analizado, al menos con el rigor debido, la idiosincrasia del mexicano expresada en el lenguaje mismo.
     En el Capítulo IV de la mencionada obra, Paz señala que en nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro, y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos. Una de ellas es el vocablo chingar.
     El Diccionario de la lengua española de la Real Academia, al momento de escribir estas líneas, define este verbo regular como importunar, molestar. En tanto, únicamente ha aceptado los siguientes significados, todos malsonantes, de la expresión Chingada: adjetivo referente a alguien que ha sufrido daño; sustantivo femenino para aludir a una prostituta; ah chingado es una locución interjectiva para expresar sorpresa o protesta; me mandó a la chingada se interpreta como una locución adverbial para expresar un paseo; esta canción está de la chingada es una locución adjetiva que significa pésima, e hijo de la chingada es un eufemismo que se interpreta como hijo de puta.
     Por su parte, el Diccionario de mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua (2011), es más generoso en la admisión de términos derivados del verbo chingar, aunque casi todos clasificados como populares/coloquiales/vulgares, por lo que encontramos locuciones como chinga, chingá, chingado(a), chingadazo, chingadera, chingaderita, chingamadral, chingaos, chingaquedito, chingativo, chingón, chingonería, chínguere, chinguetas, entre otras.
     Desde una perspectiva menos académica, pero no por ello carente de creatividad, en El Chingonario (2010) de la editorial Algarabía podemos encontrar más acepciones de esta versátil y polisémica palabra.
     Recordemos que Octavio Paz se enfrenta al agobio de nuestra historia, y al de la dificultad de insertarnos en la historia grande del mundo, tema característico de la reflexión hispanoamericana del siglo XX y que continúa en estos tiempos de globalización y desigualdad socioeconómica. El laberinto de la soledad, como una lectura ontológica, demuestra que los eventos históricos tienen una influencia significativa en los sentimientos de pesimismo e impotencia que predominan en la mentalidad mexicana. Somos hijos de la Chingada, de la Madre violada, burlada por los españoles, durante la Conquista. Por antonomasia, el “Macho” es el Gran Chingón, el poder viril que subyace en el inconsciente de los mexicanos y justifica el machismo. “Chingar y que no nos chinguen” o “Hay que chingar porque atrás vienen chingando”.
     Por contraposición a la Virgen de Guadalupe, que es la Madre Virgen, y cuyos antecedentes están en la Nonantzin del México prehispánico, la Chingada es nuestra mítica Madre ultrajada. Eso explica que, ante la morenita del Tepeyac, el mexicano busque consuelo a su dolor y repudie a la Malinche, nuestra Eva nacional, según la representación de José Clemente Orozco, condenando toda su traición, lo cual implica un conjunto de gestos, actitudes y tendencias en el que ya resulta difícil distinguir lo español de lo indígena, y que se refleja en el malinchismo, primordialmente, deportivo.
     Dicha complejidad fenomenológica de la mexicanidad es analizada también desde el ámbito laboral por Rogelio Díaz Guerrero en Psicología del mexicano, libro en el que demuestra lo arraigados que estamos a las premisas socioculturales que la misma sociedad nos ha impuesto y de la abnegación que es el resultado obtenido, ya que anteponemos la afectividad a la búsqueda de una mejor calidad de vida.
     Coincido con Enrique Serna (2010) en que las dos actitudes que Octavio Paz sometió a la crítica, la del chingón y la del agachado, mantienen una desoladora vigencia. El imperio de los chingones terminará cuando los agachados dejen de admirarlos, pero mientras tanto, ambos bandos colaboran en la destrucción del país. Ya lo sentencia el conocido refrán: “No hay cabrón sin su pendejo”, lo cual retrata sin cortapisas la novela Un mexicano más de Juan Sánchez Andraka.
     Sin embargo, Paz también hace un llamado a la acción, en especial, desde Postdata (1969), continuación de El laberinto de la soledad, que escribió a raíz de la matanza de Tlatelolco, y en cuyas páginas afirmó su creencia en una profunda reforma democrática.
    Así que ya no se preocupe por lo malsonante y agresivo que pueda parecerle este vocablo cuyos significados, en México, son innumerables como sus derivaciones morfosintácticas. Y cuando lo manden a la Chingada, puede usted visitar las localidades con nombres homólogos ubicadas en el municipio de Perote, Veracruz, o en el municipio de San Gabriel, Jalisco, donde hay un agradable rancho para dar un paseo, como lo define la Real Academia Española.

lunes, 3 de febrero de 2014

José Emilio Pacheco: el escritor del tiempo y la distancia


Como hablar de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939-2014) desde la crítica literaria es tan vasto y muchas brillantes plumas lo han hecho ya, prefiero evocar su presencia en mi modesta vida como escritor.
Mi primer encuentro con él fue en la universidad, cuando estudiaba Letras Españolas, particularmente, con El principio del placer, El viento distante y Morirás lejos, libros que me cautivaron por su excelente factura narrativa y dominio del lenguaje. Desde ese momento, comencé a leer su obra con el asombro de todo aprendiz de brujo ante su maestro.
Años después, ya ejerciendo la docencia, descubrí las inmensas posibilidades de generar la creatividad literaria en mis alumnos con Las batallas en el desierto, novela que el grupo de rock “Café Tacuba” convirtió en canción como parte del disco con título homónimo y con el cual se dio a conocer en 1992. Está por demás recordar que, además de la música, José Emilio Pacheco fue también inspiración en el cine y el teatro.
Coincido con los estudiosos de su obra en que el estilo de sus textos es conversacional, claro y antirretórico–aunque también era un apasionado de la metáfora-, lo cual los hace engañosamente sencillos; en su narrativa, se aprecia el deleite por los relatos inesperados, la magistral descripción de los ritos de iniciación, los ambientes fantasmáticos y la experimentación con renovadas estructuras y técnicas en el arte de contar historias.
 En poesía, señaló Carlos Monsiváis que Pacheco ajusta sus dones melancólicos, su pesimismo como resistencia al autoengaño, su fijación del sitio de la crueldad en el mundo y su poderío aforístico. Y ni qué decir del tiempo, el leit motiv de su lúcida obra, pues él mismo consideró que el poeta es el crítico de su tiempo y un metafísico preocupado por el sentido de la historia.
Por lo anteriormente expuesto, me atrevo a afirmar que José Emilio Pacheco es nuestro Borges mexicano. Acepto reclamaciones. 
Pero el momento más emotivo, al menos para mí, fue el 4 de septiembre de 2009, cuando tuve el gusto de conocerlo y hasta de intercambiar una breve charla sobre el oficio del escritor. Ese día, la Universidad Veracruzana lo invitó a la Feria Internacional del Libro Universitario, en Xalapa, para celebrar sus setenta años de vida. Horas antes, presenté uno de mis libros y decidí quedarme para verlo. Caminando por el paseo de Los Lagos, lo abordé y hasta nos tomamos la foto del recuerdo. Poseedor de una enorme sencillez, José Emilio Pacheco declaró, meses después, que dedicaba el Premio Cervantes de Literatura a los escritores latinoamericanos desconocidos (entre los que me siento incluido) y se quejó de lo poco apreciada que es la literatura en México, un arte en el que se invierte –dijo- el 0.1% de lo que se dedica al futbol.
 Finalmente, me sorprendió la noticia de que su viuda, Cristina Pacheco, cumplirá el deseo del autor de Los trabajos del mar: esparcir sus restos en el puerto jarocho. “Mientras viva, no me iré de aquí, Veracruz vive en mis páginas; y ya que no pude nacer aquí, pido a su mar que se apiade de mis cenizas” expresó alguna vez José Emilio Pacheco. Y es que, curiosamente, el primer municipio de América Latina marcó la vida de amigos y compañeros de su generación como Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Juan García Ponce, Sergio Galindo y German Dehesa (1944-2010), quien pidió lo mismo, pero en el río Papaloapan.
Sin más palabrerías para un maestro de la palabra.

viernes, 4 de octubre de 2013

De voceador a periodista: un mundo de recuerdos

El Mundo de Orizaba trae a mi mente gratas remembranzas que se remontan a mi infancia. Aunque nací en Córdoba, esta etapa de mi vida la ubico perfectamente en Pluviosilla.

 Si la memoria no me falla, en 1982 trabajé como voceador para el periódico mencionado. En ese entonces, las oficinas estaban en Oriente 6, entre Sur 15 y 17, y el despacho de distribución se encontraba en Madero y Oriente. No había teléfonos móviles ni tampoco Internet, por lo que los medios impresos de información eran de vital importancia.

 En aquellas madrugadas, los niños y jóvenes voceadores llegábamos en bicicleta o a pie y nos sentábamos a platicar en la banqueta, esperando a que doña Clarita abriera y repartiera los rotativos. Y así, caminando largos tramos y algunas calles en deplorables condiciones (por eso le decían Orizabaches), íbamos los niños gritones apurando el paso, pues la gente salía pronto a la escuela o al trabajo y había que llevar la noticia a la hora del desayuno, en virtud de que había pocos puestos de revistas y, si llegábamos después de las 10 de la mañana, la venta se complicaba.

 Los voceadores éramos fieles al diario por el que nos poníamos la camiseta: El Mundo o El Sol, aunque después vimos que no había nada de malo en intercambiarnos algunos ejemplares, con el riesgo muy personal de no vender el periódico de la competencia y terminar pagándolo uno. Y la empresa también fue espléndida con nosotros: aún recuerdo aquellos convivios de navidad y día del niño, o cuando se enfermaba alguien nos apoyaba en lo posible.

 Ya después vendría mi época como corresponsal del Diario de Xalapa, y hoy como freelancer, pero, sin duda, El Mundo de Orizaba dejó huella en mi vida y en él recorrí mis primeros pasos en el periodismo.

 
Diario "El Mundo de Orizaba (edición de 50 aniversario), No.15899, miércoles 2 de octubre de 2013, p.2.
 

martes, 17 de septiembre de 2013

Colaboraciones en revistas electrónicas

Los invito a leer mi texto "Historia de un cuento" en el No.23 de Radiador, Magazine Digital de Literatura y Artes: http://issuu.com/tallerdesensibilizacion/docs/radiador_23

Y en breve en www.radiadormagazine.com


sábado, 14 de septiembre de 2013

Revuelta magisterial veracruzana: río revuelto y revoltura de intereses

El Pacto por México, conformado por las principales expresiones políticas del país, al inicio del sexenio 2012-2018 consideró impostergable la realización de las reformas estructurales para el desarrollo nacional, acorde a las expectativas internacionales del siglo XXI. Una de ellas fue la Reforma Educativa, la cual está integrada por cuatro ejes: a) Un censo nominal de escuelas, profesores y estudiantes de educación básica y especial, a través del INEGI, con la finalidad de conocer sus características específicas y crear el Sistema de Información y Gestión Educativa; b) la reglamentación del artículo 3° Constitucional mediante la Ley General de Educación; c) la creación del órgano de gobierno y ley reglamentaria del Instituto Nacional de la Evaluación Educativa (INEE), dándole autonomía y elevándolo a rango constitucional, y d) la profesionalización del magisterio regulada mediante la Ley General del Servicio Profesional Docente.

 Estas leyes fueron promulgadas el pasado 10 de septiembre, por el presidente Enrique Peña Nieto, en la residencia oficial de Los Pinos, después de un arduo trabajo legislativo que se remonta al inicio de la presente administración federal y en el que se escuchó todas las voces del gremio magisterial a través de mesas de trabajo para construir propuestas tendientes a mejorar la calidad educativa del país, sin lesionar los derechos laborales de los trabajadores de la educación, y en las que la CNTE no presentó propuesta alguna.

 Días antes de la promulgación, en el estado de Veracruz inició una revuelta magisterial fundamentada en la manipulación, el engaño y la confusión, y en la que no participa el medio educativo en su totalidad.

 Entre los argumentos que se manejan para intentar sumar adeptos están: 1) Perjuicio en los derechos laborales de los docentes con las disposiciones de la Ley General del Servicio Profesional Docente para el ingreso, promoción, reconocimiento y permanencia en el empleo magisterial, lo cual es totalmente falso, como lo demuestran las Respuestas al documento 32 razones inaceptables en la Ley General del Servicio Profesional Docente que elaboró el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) con sólidos argumentos legales que desmienten el referido documento que sirvió para confundir y crear incertidumbre en el medio educativo; 2) Pérdida de la seguridad social, antigüedad en el servicio y conquistas salariales, falacia mordaz que cae por sí misma al revisar el Apartado B del Artículo 123 Constitucional, la no retroactividad en la aplicación de cualquier ley, que estipula el artículo 14 Constitucional, y la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), en el caso de los maestros federales. Del mismo modo, el salario, aguinaldo, compensación de fin de año, compensación docente, prima vacacional y todas las demás prestaciones acordadas con el Gobierno del Estado de Veracruz mediante minutas no son negociables y, por lo tanto, no se pierden; 3) Privatización de la escuela pública originada por la modificación de la fracción XXV del artículo 73 Constitucional, concerniente a un nuevo modelo de gestión educativa, en el que la gratuidad de la escuela pública no se pierde como lo instituye el artículo 3° Constitucional; en cambio, con la reciente reforma hacendaria, sí se establece la aplicación de IVA en el pago de colegiaturas en las escuelas privadas. Con este argumento se ha venido engañando a algunos padres de familia, quienes se han unido a las marchas y toma de escuelas y edificios, y 4) Falta de solidez académica del Instituto Nacional de Evaluación (INEE). Nada más falso: sus integrantes fueron seleccionados por el Senado de la República y como requisito indispensable se estableció que fueran ajenos al ámbito político, que no hubieran tenido cargos públicos y que tuvieran un sólido currículum. Por ende, dicho instituto autónomo está integrado por eruditos de la talla de Sylvia Schmelkes, Gilberto Guevara Niebla, Margarita Zorrilla Fierro, Eduardo Backhoff, entre otros. Y ese mismo criterio se aplicará, en su momento, para instalar el Instituto Veracruzano de Evaluación Educativa.

 Pero, ¿quién se beneficia con esta revuelta magisterial veracruzana, que nos recuerda las novelas de la Revolución Mexicana, donde se narra que la gente simplemente se metía a la “bola” sin saber de qué se trataba? ¿Por qué se habla de un movimiento “sin siglas” que pretende desconocer y rebasar liderazgos, pero que, en su propia sinergia demagógica, el silogismo se convirtió en sofisma? Recordemos que, históricamente, la CNTE ha sido, desde 1979, el ala disidente, radical y contestataria del SNTE, la cual, mediante acciones violentas, vandálicas e intimidatorias, ha presionado a los gobiernos de Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Tabasco y Guerrero para que cedan a sus pliegos petitorios, olvidando los ideales que le dieron origen, según algunos de sus fundadores. Sin embargo, en Oaxaca comenzaron a perder simpatías entre los padres de familia. El SNTE, en cambio, le apuesta al diálogo y la negociación, así como a su reingeniería ante estos nuevos escenarios, por lo que ni la detención de Elba Esther Gordillo Morales provocó que se rompiera esta línea de trabajo con el gobierno federal.

 Por otra parte, en Veracruz existen 17 sindicatos que agrupan a los trabajadores estatales de la educación. Es decir, el sindicalismo magisterial veracruzano está atomizado; no hay liderazgos sólidos que logren unificar fuerzas para enfrentar un Instituto de Pensiones del Estado (IPE) en presunta crisis; para defender a sus agremiados de contratos temporales en lugar de plazas definitivas o de sistemas de gestión educativa de algunos subsistemas en los que lo único que brinda la SEV son las plazas del personal docente.

 Como puede apreciarse, se trata de un río revuelto en el que unos cuantos buscan llevar agua para su molino, posicionar sus propias agendas, negociar favores o posiciones políticas a costa de la desestabilización social: lo último que buscan es defender a la escuela pública. Afortunadamente, es una simple revuelta que está perdiendo fuerza, se está debilitando, y caerá por su propio peso. La escuela pública se defiende en las aulas con el trabajo y dedicación de los maestros, por lo que no es válido violentar la libertad de aquellos profesores que quieren continuar su labor educativa, defendiendo el derecho constitucional de los niños, adolescentes y jóvenes a recibir educación de calidad, pero se los impiden mentores ajenos, incluso, a las escuelas tomadas, con la intención de simular que todos los maestros veracruzanos apoyan su causa. Es hora de que gobierno, sociedad y el sector magisterial progresista inicien acciones orientadas a serenar a los manifestantes y retomar la actividad escolar en la entidad veracruzana.